Susana debía cruzar y no sabía cómo, tenía el Banco en frente, es decir, sin mojarse los pies porque la torrentera había engordado de tal suerte que cubría prácticamente hasta el centro de la calle.
Susana, miraba, zascandileaba de acá para allá y no se decidía hasta que al fin hubo localizado tres jorobas consecutivas en el pavimento donde, con algo de suerte, el agua no le rebasaría los tacones.
Dudaba, oscilaba, saltaba, vacilaba, melindreaba, otra zancada, meditaba unos instantes, siempre con la mente abierta por ese nuevo nombre que habría de ponerle a su sociedad mercantil, saltaba de nuevo y, superado el último obstáculo, ya estaba en la otra acera. Y seguía pensando, su empresa de arreglos, “Todo Solución”, como una anticipación, una esperanza, o presagio, buena ventura, fortuna rescatada. Casi tropezaba con el hombre panzudo que salía del portal cuando pasó el Mercedes impávido, magnífico, negligente, -qué bien se había vivido hasta la crisis-.
Susana apenas si oía el siseo sostenido del motor ni advertía los surtidores de las ruedas, de modo que se había visto sorprendida por el pequeño maremoto que le deja chorreones de agua embarrada en las faldas y en las medias y, por si fuera poco, un frío áspero en los pies.
Pero aquel día ya nada importaba, ni el desempleo, ni los malos ratos del INEM, por fin recogería su póliza de préstamo, aquella que garantizaría una capital mínimo para su empresa y, “a trabajar”. También el hombre panzudo tenía salpicones en el pantalón y farfullaba: -”Sin vergüenza”.
A nadie, porque el Mercedes ya había doblado la esquina. ¡ Qué año habíamos pasado ¡, entre despidos, deudas, conflictos, crisis financiera y, lo peor, absoluta desesperanza.
Dos mujeres con canastos, movían la cabeza y repetían casi a dúo: -”La vida, lo que hay que ver”. Y seguían.
e.d.r.
www.rubioalpresa.com
Rubio Alpresa , SA Economía - Artículos
Recent Comments