Y llegan en dos ciclos, las carreras de caballos de Sanlúcar, llegan en estos días, desde ayer, hasta mañana, subidos a caballo, de una u otra forma, desde las casetitas de apuestas de los niños hasta las apuestas oficiales, dentro del recinto.
La playa queda dominada por caballos y sus jinetes a modo de Robinsones a su manera, entre Bajo de Guía y Las Piletas, aquí en este rio, en esta mar, en esta barra del Guadalquivir, salvaje y domesticada a la vez. Con resonancias de paraíso y aventura, cuando desde el mismo atardecer tantas maravillas se ofrecen a la vista, goce en la soledad razonable, naturaleza casi intacta y feliz, primitivismo domesticado, Doñana, al fin y al cabo.
Y salieron los primeros caballos de la tarde, con sus colores, con sus pisadas, con sus locuras, con sus soberbias, haciendo temperatura muscular en ese trote medido, desde las piletas hacia Bajo de Guía, donde aparecen dispuestos los cajones de salida.
Y las gentes los observan desde sus sombrillas, ven colores, mantillas con números, crines negras y color miel, y apuestan, en línea con su propia sombrilla, de forma y manera que hay una y mil llegadas, cada uno tiene la suya, cada cual tiene su escenario de meta imaginaria, y después, unos niños que saltan de alegría y otros que sufren por perder esos 10 céntimos de la apuesta.
Y quizá sirvan estas carreras de caballos como conquistada ruptura o soñado paréntesis con los engorros cotidianos y perennes.
Así que, ayer, entre las arenas rubias y las olillas de la bajamar, caballos, voraces de pisadas por venir, casi como perseguidores de la puesta de sol en un correr hacia el infinito.
Y en el horizonte, ese respaldo vegetal, pinos verdes conquistadores entre bonanza y malandar.
Por resumir, carreras de caballos, otra vez al tajo, como dijo el otro. Aperitivo social a la caída de agosto, personas y personalidades, fama y famosos, fotos, periodistas cámaras y acción. Porque las Carreras son mucho más que caballos, cierto que no a todos parece apetecerles ni todos la bendicen y animan pero lo cierto y verdad es que la sociedad se mueve, sanlucar se viste de gran fiesta, las señoritas lucen tacones y lentejuelas sobre el albero bien cuidado de la carpa central y luego… los palcos, amigos, más fotos, hasta Carmen Lomana nos acompañaba anoche y Fernando Hierro, y Aldolfo Aldana y Ramon Calderon y Alex de la Iglesia.
A todos, a Sanlúcar, nos hace falta . al menos una vez al año, esta improvisada Alfombra Roja del papel couche. Y ayer, y el año que viene, también, carreras de caballos.
eduardo dominguez-lobato rubio


















La semana pasada he tenido la visita de un cliente, y ya amigo, director financiero de una importante empresa de Jerez.