Las carreras de Sanlúcar

Y llegan en dos ciclos, las carreras de caballos de Sanlúcar, llegan en estos días, desde ayer, hasta mañana, subidos a caballo, de una u otra forma, desde las casetitas de apuestas de los niños  hasta las apuestas oficiales, dentro del recinto.

La playa queda dominada por caballos y sus jinetes a modo de Robinsones a su manera, entre Bajo de Guía y Las Piletas, aquí en este rio, en  esta mar, en esta barra del Guadalquivir, salvaje y domesticada a la vez. Con resonancias de paraíso y aventura, cuando desde el mismo atardecer tantas maravillas se ofrecen a la vista, goce en la soledad razonable, naturaleza casi intacta y feliz, primitivismo domesticado, Doñana, al fin y al cabo.

Y salieron los primeros caballos de la tarde, con sus colores, con sus pisadas, con sus locuras, con sus soberbias, haciendo temperatura muscular en ese trote medido, desde las piletas hacia Bajo de Guía, donde aparecen dispuestos los cajones de salida.

Y las gentes los observan desde sus sombrillas, ven colores, mantillas con números, crines negras y color miel, y apuestan, en línea con su propia sombrilla, de forma y manera que hay una y mil llegadas, cada uno tiene la suya, cada cual tiene su escenario de meta imaginaria, y después, unos niños que saltan de alegría y otros que sufren por perder esos 10 céntimos de la apuesta.

Y quizá sirvan estas carreras de caballos como conquistada ruptura o soñado paréntesis con los engorros cotidianos y perennes.

Así que, ayer, entre las arenas rubias y las olillas de la bajamar, caballos, voraces de pisadas por venir, casi como perseguidores de la puesta de sol en un correr hacia el infinito.

Y en el horizonte, ese respaldo vegetal, pinos verdes conquistadores entre bonanza y malandar.

Por resumir, carreras de caballos, otra vez al tajo, como dijo el otro. Aperitivo social a la caída de agosto, personas y personalidades, fama y famosos, fotos, periodistas cámaras  y acción. Porque las Carreras son mucho más que caballos, cierto que no a todos parece apetecerles ni todos la bendicen y animan pero lo cierto y verdad es que la sociedad se mueve, sanlucar se viste de gran fiesta, las señoritas lucen tacones y lentejuelas sobre el albero bien cuidado de la carpa central y luego… los palcos, amigos, más fotos, hasta Carmen Lomana nos acompañaba anoche y Fernando Hierro, y Aldolfo Aldana y Ramon Calderon y Alex de la Iglesia.

A todos, a Sanlúcar, nos hace falta . al menos una vez al año, esta improvisada Alfombra Roja del papel couche. Y ayer, y el año que viene, también, carreras de caballos.

eduardo dominguez-lobato rubio

 

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La moral del verano

Dicen los viejos del lugar que desde hace años  no viven estos calores de hoy,  agobiantes entre la siesta y el levante.

En realidad, siempre escuchamos y decimos lo mismo y, al fin y al cabo, poco importa cuando después de todo, julio y agosto significan exactamente eso, calor, calor y playa, terrazas al aire libre, mundo, demonio y carne sueltos por la calle y a vivir que son dos días.

Porque el verano y el calor nos multiplican el espacio vital, nos proyectan hacia apetecibles vivencias exteriores y, en definitiva, nos alegran y ensanchan la existencia, de manera que el personal, liberado de limitaciones y estrechuras en pisos y viviendas, sale lanzado a la pequeña aventura de trastocar hábitos y costumbres porque para eso están las playas, los chiringuitos y esos espacios abiertos donde nos plantan las butacas, mecedoras y cubatas.

La cuestión es vivir, vivir a tope dentro de lo que cabe, que para eso ancha es Castilla y pelillos a la mar. Porque lo del top-less suena ya a monotonía paisajística y los arrumacos en sombrillas y toallas parecen como los movimientos repetidos y acostumbrados de la mantis-religiosa que avanza por su sendero.

Así que esta es otra moral, mucho más ancha, dispersa y flexible que aquella moral del invierno. Y es que la moral nunca fue concepto inmutable y ciclópeo, qué va, de lo más acomodaticia y permeable.

Nuestros tiempos de cambios fulgurantes nos proporcionan ejemplos clamorosos en color y ropaje de la moral aceleradamente cambiante en estos últimos treinta años, los que van desde aquella adolescencia nuestra de bailes apretados y besos de anochecida a esta moral vestida hoy de transparencias cuando no de ausencias de vestuario.

Así que aquí nos vemos, otro muro que ha caído ya, bajo el ariete de la simple comodidad, lo del rigor en la calle se nos ha mutado en la más sencilla y apabullante de las comodidades, otra cosa es , que alguno, con el tipito trastocado por chancletas y patanloncitos cortos, cuando no mallas, más bien parezca personaje del bombero torero, pero ese es otro cantar.

Así que se acabaron los decretos en el vestir, diluidos están los decretos por sistema, ahora corren otras aguas, y es que el reloj ha dado ya muchas vueltas, aunque siempre nos quedará lo inmutable de la mar, ese que ahí, sigue abierto, sereno, acogedor, universal, ahora igual que hace quinientos años.

eduardo dominguez-lobato rubio                       Rubio Alpresa  colabora con el proyecto

Fundación Puerta de América  www.sanlucar2019-2022

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Algo de Historia, bajo la sombrilla

Y seguimos de veraneo en estas playas de Sanlúcar, y es que aquí siempre hubo historias con minúsculas e Historia, con mayúsculas.  En aquella Sanlúcar, conventual, ducal, guerrera o imperial. Porque mucho tuvo de jardín abierto, de alta y esbelta bienvenida, rematada por esas cresterías de piedra labrada del castillo de las siete torres, como si fueran los encajes de estas aguas abiertas.

Y entre las calles, los jardines, los arcos también de piedra tallada, cancelas abiertas, en espacios donde crecieron araucarias, palmeras y naranjos.

Esta fue desde siempre la Sanlúcar de Historia e historiada, de jazmines y galán de noche, la Sanlúcar de esas flores blancas que se abren sólo cuando comienza a anochecer.

Son los siglos, que por aquí pasaron, Sanluqueño también siglo de oro, de personajes barrocos, cargados de florituras los unos, agiles, elegantes e incipientes otros, osados, valientes e intrépidos, los más.

Porque aquellos ojos transeúntes del ayer vieron  paredes pintadas, bóvedas de filigrana, rancios escudos en relieve, calderas granates, castillos y leones, y señales de feudos y dominios.

No es la casual fortuna la que colgó en los atrios y presbiterios altas pinturas al fresco o los dorados y estucados de las nerviaciones de las cúpulas. Porque esta Sanlúcar de ahora, la de nuestros días, bajo la capa efímera de la pintura ocasional ,sigue teniendo los muros gruesos de sillería, las naves y las capillas, la iconografía sonora y la patina musical de más de cinco siglos.

Y no es ni fue la casual fortuna, hablamos de tierra estratégica, de mar encauzador de gestas, de voces decididas, de capitanes de la mar océana que impregnaron su halo personal como si fueran solemnes voces monacales que perduran siglo tras siglo y que esperan hoy, desde ayer, el aire nuevo y limpio para diseminar las semillas de esta Historia, de esta Sanlúcar, de estos navegantes, de esta llamada de partida que ahora vibra en el aire.

Los personajes, quizá hayan pasado, pero en el recuerdo, en lo escrito, está la esperanza de repetir esas mil y una gestas que abanderen a Sanlúcar en este siglo XXI, aún niño chico que corretea juguetón por estas playas de Bajo de Guía.

En aquel tiempo, en aquellos días, la playa sonaba a ilusión, las calles a mercaderías, las iglesias a cruces americanas, las plazas eran como campanas de gloría, las tabernas tocaban a cruce de espadas, los miradores pintaban a rey de oros y el Palacio de los Duques, el Palacio siempre fue el Palacio…

Eran misas cantadas, eran pregones mercaderes, eran como días de fiesta para esta Sanlúcar, recibidora y alegre, acogedora y capaz, aterciopelada y globalizadora, ayer, hoy y siempre.

Porque esta Sanlúcar , Puerta de América, era para el continente americano como el altar mayor, dibujado por columnas salomónicas, altas y solemnes, desde el cual se oficiaba el Nuevo Mundo, la incipiente división geopolítica, esa Nueva España imperial y fructífera entre naos de ida y vuelta.

Así embarcaron y desembarcaron, una y mil veces, claustros enteros de frailes blancos y negros,  soldados de lanza dispuesta, capitanes despertados por la mar de leva, floridas señoritas, rufianes, garambainas, mil caballos, un sinfín de mareantes y toda la gente del mundo, al fin y al cabo.

Y luego vino la literatura, la lingüística, con sus reglas y normas, como en una barca de libre inspiración, esa que llaman , creadora, para escribir lo que puede ser la antítesis de la ciencia, ese don divino que no puede estar sometido a reglas fijas….. y así se contaron duelos en la bajamar, damas encendidas, novicias ultrajadas, caballeros heridos, venteras alcahuetas e hijosdalgos revenidos. Así se cantó y escribió… Relatos justicieros, libelos bien pagados, y promesas olvidadas.

Y yo sigo  aquí, bajo la sombrilla, con este libro de historia en la mano.

eduardo dominguez-lobato rubio

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Ya está aquí, Fundación Puerta de América

Ya estamos aquí, otra vez rozando el beso sabio de la mar.

ya estamos aquí, la Fundación Puerta de América, traída entre los amigos, ciudadanos, sanluqueños, portuenses, gaditanos, jerezanos, traídos entre coplillas, con un barril de buena manzanilla bajo el brazo y con la mira en esos barcos de siempre clavados en el alma. Traída entre amigos, vascuences, sevillanos, madrileños, egabrenses, remotos trocitos de todo, extendidos en este mantel blanco del porvenir de Sanlúcar.

Los barcos, las naos que desde aquí, desde este puerto de Barrameda, puerto de Bonanza, brillaran azuleantes por esos mares de Dios, entre viajes de ida y vuelta. Barcos hambrientos de aventura, descubrimientos y hazañas, hombres que desde aquí salieron, una y mil veces, con los buenos aires por esta barra del Guadalquivir. Hombres con las ropas limpias que dejaron atrás estos naranjos misioneros, el drago prócer, las palmeras odaliscas o la algarabía de los pájaros y de las buganvillas señoritas del Palacio del Duque.

En eso nos amparamos, en esa divulgación tan rumiada y estudiada, en esos libros desempolvados, en las ganas rejuvenecidas, en ese asomarse al mar, a nuestro mar, en busca de respuestas.

Porque el Olimpo jamás pudo descifrar los enigmas del Poniente y una vez, intrigado, vencido, envió a Hércules, el gigante de las grandes zancadas que llegó hasta el final de la tierra conocida, el mismo que se vio absorto, desconcertado, ante el descendimiento augusto del sol sobre la inmensidad del agua nueva. Como Colón, Fernando de Magallanes, como Juan Sebastián Elcano, marineros, marinos que desde Sanlúcar tuvieron la hombría consciente de desear, imaginar y conseguir lo que para muchos o casi todos suponía Lo Inabarcable.

Pero en esta tierra tartésica los Dioses siempre han razonado en línea recta y la inicial soberbia de nuestros navegantes la tornaron aquellos a modo de sufridos éxitos memorables y apoteósicos.

Así que, ya estamos aquí, Fundación Puerta de América, desde donde decimos,

“ Sí más allá “,  desdibujando Finisterre y deseando esos nuevos días dulces para estos espejeantes esteros de las salinas.

Asomados estamos, a estas luces de la tarde, seguramente igual que nuestro glorioso visitante Hasekura Tsunenaga. Capitanes, como somos, de sueños con velas cuadras o triangulares, esbeltas y ligeras sobre el agua.

Dicen que aquí rezaron por última vez en tierra firme aquellos ilustres navegantes, sobrecogidos y maravillados, seguramente, por la orgía púrpura y malva, grana y celeste de los ángeles del ocaso. Hasta que partieron, desde Sanlúcar, como magos futurólogos descubridores de las estrellas propicias. Y hasta alguno hubo que balbuceaba rutas al amparo sólo del incitante vuelo de las gaviotas.

Así salieron a la mar, rompiendo con sus proas la cinta azul del horizonte, intocada hasta entonces. Y salieron en busca de rutas, especies, hombres y mujeres de piel negra, animales inconcebibles y frutos jamás vistos hasta entonces. Y recorrieron mares, del norte y del sur, interiores, océanos, espumeantes, bravíos, tridimensionales y trepadores siempre por los faldones de la amura.

Puerta de América está hoy aquí, con el corazón abierto en esta mano abierta a tantas gentes, tantos saberes y tantas creencias. Y excavaremos aquí, en esta tierra nuestra para encontrar por igual ritos caldeos, lanzas fenicias, ánforas griegas o mosaicos de Roma. Porque cuando uno rastrea en Sanlúcar se encuentra la infinitud del hombre, a lo largo de milenios, infinitud de deseos encendidos, transparentes, bienhallados.

Porque Puerta de América es esta Sanlúcar, reverenciada por los tiempos, donde las guerras y los siglos pasaron de puntillas con armas genuflexas. Esta tierra conquistadora de conquistadores que siempre fue la misma, fiel a sí misma, y puso la mesa para los recién llegados hasta que los recién llegados fueron cosa suya. Esta tierra siempre creyente que mudó cien veces las aras y los templos y, al final, dejó sitio para todos los altares. Sanlúcar, que supo distinguir lo intemporal de lo accesorio y dejó pasar con indolencia los berrinches de un lado y de otro, del Norte y del Sur, de arriba y de abajo. Y luego se puso a cantar y a sonreír con el susurro de las viejas velas que cruzaban de vuelta entre Malandar y el Espíritu Santo.

En fin, que aquí estamos, para divulgar esas nuevas profecías que le predicen corona de reina en la antesala apocalíptica de un nuevo mundo que, seguramente, sí conoceremos.

Aquí estamos, sonámbulos en la tarde, pero con voz recia para el canto. Porque esta Sanlúcar, la tenemos al alcance de la mano, digo la de la Conmemoración del quinto centenario de la Primera Circunnavegación, Sanlúcar 2019 -2022, porque por altas que las cosas nos parezcan, inaccesibles por su distancia, imposibles, en su lejanía, muchas veces, las más de las veces, bastaría con empinarnos y alzar el brazo. Casi siempre lo imposible  no es más que un espejismo timorato, sumiso ante la mano decidida. Y las cosas son y están, sencillamente, y no hay más que desearlas y buscarlas, para que hagan su nido entre los dedos.

eduardo domínguez-lobato rubio.

patrono fundación puerta de América


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El lagarto cruza la carretera

Estamos en verano y estamos en mi pueblo, por eso, con estas dos premisas en la mochila, hoy, he visto un lagarto verde cruzando por la carretera, digamos de la Jara o de la Algaida.  Diciendo, aquí estoy yo, con los calores, esos que la sangre alteran.

Todos hemos conocido a mayores que entre sus achaques abrigaban su vejez entre sábanas y mantas hasta que algún lagarto cruzara la carretera, síntoma veraz de aquellos primeros calores.

-          No me levanto hasta que el lagarto cruce la carretera.

En fin, que inmersos en agosto estamos, en este mes encantado y celebrado por todos, por lo de las vacaciones oficiales, por lo de los chiringuitos de playa, por lo del bañador y el pareo desde la mañana hasta la noche.

Y oímos cada noche los coros de golondrinas nuevas, vemos los garabateos de las mariposas y nos alegramos con los pajarillos de siempre, esos de la música en el pico. Porque estos primeros días de agosto son como si estrenásemos edad, como si inventáramos el tiempo, como si algo en nuestro interior verdeara de nuevo como las flores, como los árboles, como las plantas.

Y , claro, viene la ebullición de los glóbulos, el tirititran  de los adentros, ese latigazo que los poetas de todas las épocas han llamado de mil maneras.

Y las tardes siguen acompasadas a las idas y venidas de lanchas vigilantes y helicópteros celosos, porque dicen que Doñana es reserva de aves, de naturaleza ensimismada y ahora, también, en este agosto desmelenado, reserva de política nacional, presidencia del gobierno, pescadora de voluntades, escribidora de decretos y ahora, paciente novelista de renglones futuros para esa nueva España que siempre se nos prometa a cada vuelta de esquina.

Pero nosotros a lo nuestro, a nuestros arriates, a nuestros abonos, a la cerveza sin alcohol, al yogurt desnatado, que esas medidas sí las seguimos y controlamos, por eficaces, por veraces, por sencillas, por comprobadas, las otras, el límite de velocidad, la reducción del déficit, la deuda pública, los índices de riesgos….

-Palabras siempre palabras, lo mismo , siempre lo mismo.

Nos viene ahora a la memoria el verso de aquel poeta desesperado:

-          ¿ Quién me ayuda a deshacer agosto ¿

Palabras, palabras para la literatura, palabras para el vacio. Porque agosto viene a ser como la vida misma, ilusiones, cansancios, desengaños, amores y desamores, como la vida, como la muerte.

En todo caso, así son las cosas, anunciado agosto, entre heraldos de toda la vida, con las avanzadillas, por ejemplo, de pequeños milagros como este: el del lagarto, brillante, verde intenso, ese que hoy he visto cruzar la carretera.

eduardo dominguez-lobato rubio

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El verano oficioso

Hoy comienza oficiosamente para algunos el verdadero verano, es el mes de agosto. Aunque el cronológico lleve ya días de sorteos entre calores, noticias enloquecidas e incertidumbres financieras.

Siempre, siempre, cada cual cuenta la feria según le va y hoy, es el famoso día de la operación ida para la mayoría de los mortales. Sonaran clarines, a eso de las dos de la tarde, esos que deshacen los tajos, abren los ocios no remunerados, el relax soñoliento y los despertares sin relojes. Clarines de libertad razonable, desataduras prestas y el olvido, sobre todo, de ese frenesí de los teléfonos móviles.

Así que a disfrutar,  a cambiar los hábitos, a reencontrar alguna charla perdida, algún amigo de aperitivo y al devenir tranquilo de todas las tardes, o al menos eso fuera lo deseable, luego, ya lo sabemos, los niños del vecino, el olor a las sardinas, del vecino, el coche mal aparcado, del vecino… no todo son sueños pausados aterrizados silenciosamente  en los primeros días de agosto.

Pero no seamos trágicos, nos quedaran aventuras por vivir, seguro, a la vuelta de la esquina de este fin de semana., aparcaremos a esa Europa del progreso y del bienestar y nos refugiaremos en el chiringuito de la esquina, en el mojito, en las siluetas morenas, en los sonidos marinos, en las barcas de redes y de anzuelos.

Y en esos, en los chiringuitos, descansaremos de las velocidades, de las prisas, de las carreteras, descansaremos de nuestro ángel de la guarda que tan fatigado tenemos, por tanto trabajo a destajo, durante todo el año.

En fin , que los políticos se vayan de vacaciones, que nos descompliquen la vida, que se olviden de nosotros, por lo menos tres semanitas, que dejen sus chiquillerías para la vuelta al cole, que aparquen sus codazos para septiembre. En septiembre los examinaremos, aunque suspenderán de nuevo, entre los negros nubarrones de las cuentas autonómicas.

Nosotros a lo nuestro, a la dulce rutina de lo conocido, al veraneo planificado, al delirante mes de agosto, entre festivales de música, carreras de caballos, fiestas patronales y risas a los aires de la noche.

En fin, la canícula sigue aquí, quizá empiece ahora, entre voraces consumidores de terrazas y algún que otro incendio forestal.

Y cambiando de tercio, en estos días, al amparo de una buena copita de manzanilla no dejen de llevarse a la boca el periódico de todos los días, la lectura del  libro de la mesilla de noche y esas letras y textos de aquí y de allá ,que pausada y lentamente tanto hacen para relajarnos   y desintoxicarnos de lo de todos los días. Yo, particularmente, ya lo tengo decidido, una vueltacita por el fresquito de la noche y al final, un trocito de tarta al wisky de La Ibese Bornay

eduardo dominguez-lobato rubio

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Cuando Bajo Guía y la Mar, hablan

-       Y  va a resultar que el mar habla.

Esto nos decía el pasado fin de semana un amigo, abrazado a nosotros a pie de Bajo de Guía, listo para la foto de rigor con el Coto al fondo.

Y yo le dije:

- Antonio, La Mar, que nos suena mejor y,  sí,  la Mar habla.

Porque es como un inmenso animal de mil formas, cambiante, tornadizo entre amores y pasiones, desdenes y esperanzas.

- Pero, cuidado Antonio, que habla pero para oídos privilegiados, atentos y perspicaces, esos que saben del difícil arte del bien escuchar.

Cuanta gente por Bajo Guía, entre plato y plato, entre copa y copa, entre los vinos, las gambas y aquellas cañaillas de nuestro amigo Juan, pero también, cuanta gente, cuántos de estos no se alimentan sino del yodo de la mar, de sus sonidos, de sus mareas, de sus maneras entre la iracundia del ogro y la docilidad del adolescente. Cuanta gente habla con la mar, como viejo marinero, entre la inquietud y el arrobamiento, la ternura y la amenaza, el sosiego y la furia y no sé cuantas cosas más.

Así que esa era nuestra conversación antes de la foto, de espaldas al Coto y a la Mar. Y aquella tarde nuestro mar domestico estaba allí, como siempre, indolente, entumecido por la bajamar, quizá anestesiado por el viento del nordeste; sesteante, indiferente y pacífico como gigantón poderoso. Y allí estaban, también, las gaviotas de la tarde, las de los juanelos, las buscadoras, las compañeras de tanta embarcación de vuelta con los motores ardientes por las prisas de la lota. Porque aquí, todos hablan, todo lo que nos rodea habla, las gaviotas con sus pañuelos blancos, los pesqueros humeantes, la orilla urbanizada, los veleros inquietos.

Y hasta los restaurantes hablan entre las obras ciudadanas que vienen ya tan largas, desesperados como están por el tráfico tan cercano, clamando como están, a voz en grito , por la restauración y acaso la mejoría de tan sanluqueño enclave.

Porque Bajo de Guía es nuestro portavoz y altavoz más sonado y convincente, atalaya portentosa para el saboreo de la inmensidad marina con una caña de manzanilla por delante, la tapa de choquitos aliñados y la ración de acedías.

- Así que déjalo hablar, déjalos hablar  Antonio, en ese inacabable chapurreo de todas las tardes.

eduardo dominguez-lobato rubio

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¿ Hemos contratado una obra o un servicio ?

Lo que hemos contratado es  ¿ arrendamiento de obra o de servicio, y de que garantías disponemos ¿

En el día a día, no es lo mismo contratar un servicio, el cual no se obliga a un resultado, o una obra, la cual si se somete a un resultado final.

 

Porque muchas veces, la mayoría de ellas, la consulta del cliente y el caso particular a resolver son los que clarifican y especifican la norma aplicable o su interpretación, porque has de dar una solución eficaz y ajustada a derecho.

 

Fijaros lo preciso y a la vez ambiguo que es el Código Civil cuando nos dirige en su artículo 3 al respecto de cómo deben interpretarse las normas, “ se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos, y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad. “ Porque la extensión explicativa es, a la vez, motivo de ambigüedad en tanto que ¿ cómo compatibilizar el “sentido y contexto”, con la realidad social del momento ¿.

 

En relación con lo anterior, hay que considerar que la calificación de una operación como de ejecución de obra resultará de que la relación establecida entre los contratantes responda, jurídicamente, al concepto de arrendamiento de obra regulada en el Derecho Civil.

A estos efectos, el artículo 1.544 de dicha norma establece que: “En el arrendamiento de obras o servicios, una de las partes se obliga a ejecutar una obra o a prestar a la otra un servicio por precio cierto.”. Por tanto, atendiendo a dicha definición, lo propio del arrendamiento de obra es la obligación de ejecutar o realizar una obra, es decir, obtener un resultado, pudiendo acordarse que el ejecutante ponga solamente su trabajo o que también aporte los materiales correspondientes (artículo 1.588 CC). Por otro lado, en el arrendamiento de servicios lo fundamental es la prestación del servicio concreto, con independencia del resultado final.

A diferencia del arrendamiento de obra cuya prestación es un resultado futuro, el arrendamiento de servicios exige que la prestación sea continuada y periódica en el tiempo, es decir de tracto sucesivo.

De todo lo anterior cabe deducir que la ejecución de obra se caracteriza por ser una prestación distinta de las de tracto sucesivo, que persigue un resultado futuro sin tomar en consideración el trabajo que lo crea, en tanto que el arrendamiento de servicios se instrumenta de forma continuada en el tiempo, atendiendo a la prestación en sí misma y no a la obtención del resultado que la prestación produce, siendo la continuidad y periodicidad las notas esenciales de ese tipo de operaciones.

Nuestra consulta concreta venía por un servicio de mantenimiento de equipos de aire acondicionado, que  consiste en la inspección técnica, revisión y realización de determinadas tareas de conservación y puesta a punto. Dicho servicio se presta de forma continuada en el tiempo, mediante la visita periódica y, generalmente, programada a las correspondientes instalaciones. La contraprestación se articula mediante pagos periódicos, normalmente, de carácter mensual o trimestral.

De acuerdo con lo expuesto, las operaciones de mantenimiento de equipos de aire acondicionado, no tienen la consideración, a efectos del Impuesto sobre el Valor Añadido de ejecuciones de obra, condición indispensable para la aplicación del tipo impositivo del 8 por ciento, previsto en el artículo 91.Uno.2.15º de la Ley 37/1992. Dichas operaciones, que tienen la consideración de prestaciones de servicios, tributan por el Impuesto sobre el Valor Añadido al tipo del 18 por ciento.

En este sentido, los materiales que deben computarse para determinar si una operación tiene la consideración de entrega de bienes o de prestación de servicios serán todos los necesarios para llevar cabo las obras de renovación o reparación correspondientes, incluidas las actuaciones subcontratadas a terceros.

En el supuesto del mantenimiento de equipos de aire acondicionado, el coste de los materiales es su precio de adquisición a terceros y, en el caso particular de que dichos materiales no sean objeto de comercialización y estos sean obtenidos por la propia entidad consultante como resultado de parte de su proceso productivo, será su coste de producción.

Y además, hay que considerar la diferencia a efectos de las garantías y responsabilidades subsiguientes, esto es, y como especificidad de los contratos de obra, el art 1591 del código civil dice que: “El contratista de un edificio que se arruinase por vicios de la construcción, responde de los daños y perjuicios si la ruina tuviere lugar dentro de diez años, contados desde que concluyó la construcción; igual responsabilidad, y por el mismo tiempo, tendrá el arquitecto que la dirigiere, si se debe la ruina a vicio del suelo o de la dirección.

Si la causa fuere la falta del contratista a las condiciones del contrato, la acción de indemnización durará quince años.

eduardo dominguez-lobato rubio

 

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La muerte de un empresario

Lo poco que sabemos de él lo contaba un viejo que lo conocía.

“Sabía su obligación y era un gran hombre”. Sencillo, exacto, magnífico epitafio. Sabía su obligación y supo cumplirla. Empresario entre empresarios y profesional entre profesionales. Uno de aquellos hombres de empresa punteros en amanecidas entre los últimos balances, abrazado a su viejo código civil y enjarretado entre el último cigarrillo de tabaco negro. Lo pintaban alto, fibroso, embutido en su inevitable traje azul marino, sombrero negro y zapatos espejeantes, porque desde su niñez aquella jerarquía empresarial siempre llevaba los zapatos encharolados. Hasta es probable que, en rachas opulentas luciera cuello almidonado, incluso leontina aurífera curvada como entorchado glorioso entre el ojal de la solapa y el bolsillo alto de la chaqueta.

-Parece que está usted pintando un cromo.

De ninguna manera. Puede que me esté quedando corto, quizá camisa de seda, irreprochablemente blanca, que de esta guisa mundaneaban y galleaban por casinos, despachos y ministerios los hombres importantes de los negocios.

-          Claro, otros tiempos.

Sí, otros tiempos. Lejanísimos, olvidados, perdidos, indigeribles, irrecuperables tiempos. Tiempos de empresarios anudados de por vida a la palabra dada, al compromiso de pago o la dedicación diaria y menesterosa a hacer bien las cosas.

Empresarios que terminaban por interpretar balances y cuentas, como si adivinaran desde arriba con una suerte de don especial. Claro que en aquellos tiempos un balance era un balance, y una letra, iba a misa, y hoy…. Para que les voy a contar.

Estos empresarios conocían y ponderaban al extremo las consecuencias de las cosas y lo que es mejor, sufrían por aquellos que habían confiado en ellos si en algún momento los números se torcían y había que encomendar algún pago para el mes próximo. Incluso un borrón de tinta china en un libro diario o en el libro mayor, o incluso en el libro de cartas suponía un pellizco en el estómago, un mal rato y, seguro, alguna que otra bronquilla a alguien. – qué cosas –

Hoy, que toda la culpa o casi toda se la trasladamos a la informática, o al papel del fax, o al banco que ha retrasado la trasferencia o al correo basura que nos ha hecho “perder” algún que otro mensaje no deseado.

Cuentan que murió tras una mirada de reojo al último telediario, cuentan también que barruntaba palabrotas en voz baja cuando le decían que la crisis se nos venía encima. A él, que solo pasar una carta a limpio, con papel de calco para tres copias, en aquella su primera máquina de escribir le llevaba casi dos horas. A él, que conocía de listados y punteos a lápiz, repetidos hasta el cuadre definitivo. A él, que no le llegaron a tiempo las bendiciónes de los benditos programas informáticos que hoy sazonan hasta a la más humilde de las oficinas.

Si, estamos en crisis,  lo seguimos estando, y será por algún, muchos, repetidos desajustes y despropósitos de esta, nuestra época posmoderna. Y dice el Sr. Obama que la solución pasará por trabajar mucho, trabajar duro y trabajar bien…

Pues como siempre, hombre, como toda la vida.

eduardo dominguez-lobato rubio

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La “vaca púrpura”

La semana pasada he tenido la visita de un cliente, y ya amigo, director financiero de una importante empresa de Jerez.

Su problema, que la empresa, su empresa, de estructura directiva  “empresa familiar”, empieza a ningunearle.

¿ Porqué, si hasta tres meses era pieza indispensable en la toma de decisiones ¿

Él me cuenta que ahora el mayor accionista es el hijo del anterior dueño, que tiene en torno a 30 años y que realiza un M.B.A en la actualidad.

Con estos datos, fácil, este nuevo accionista mayoritario quizá sea demasiado joven para asumir en tres meses la gestión completa de una industria que factura más de cuatro millones de euros al año.

Por otro lado, la idea de efectuar una gestión absolutamente distinta y diferenciada de su anterior gestor es un canto de sirenas al cual pocos pueden resistirse.

También, puede ver cómo este director financiero acumula cariños, imagen y afectos de los cuales puede y de hecho tiene, celos infantiles no reprimidos.

Con todo ello:

1.- O asumir el despido improcedente, cobrar la suculenta liquidación y dejar el barco ( de manera forzada ) a su “ aire”.

2.- Empezar a actuar como aquella “ vaca púrpura” que, en la pradera llamaba la atención, entre otras muchas de manchas negras y blancas.

Y digo llamar la atención o , mejor dicho, resaltar sus virtudes, prestigio, buenos resultados y potencialidades, resaltar dentro del horizonte gris y anodino en que muchas veces, demasiadas veces, se convierten nuestras jornadas. Resaltar los hechos y cosas, que precisamente por hacerlas bien, tan bien, siempre bien, estas se pierden y difuminan en el horizonte diario de la habitualidad.

Porque las cosas, las gentes ordinarias, comunes, como una vaca normal y corriente, a la larga se vuelven invisibles. Vista una, vista todas. Pero si de pronto nos topamos con una vaca púrpura, una cosa grande, maravillosa y extraña, no sólo nos llamará la atención sino que tampoco olvidaremos nunca ese encuentro.

Así que le dije: – Mira Pablo, en un mundo saturado de imágenes y sonidos, nos vemos obligados a ignorar y a hacer invisibles las cosas que menos nos interesan.

Los profesionales, el equipo humano, menos llamativos y más comunes se vuelven invisibles. Para destacar, o para que los demás no nos entierren, necesitamos llamar la atención, ser distintos, mostrar nuestros quehaceres Es el primer paso para contactar con el público objetivo hacia el que va dirigido la actividad de la empresa, y en tu caso, venderte, otra vez dentro de tu empresa, hacia tu propia directiva.

Porque el sentido común es el menos común de los sentidos , y si nuestra labor, a base de ser regularmente eficaz, se diluye como un azucarillo, pues eso, con una sonrisa en los labios, reivindiquémosla, periódicamente ante nuestro entorno.

¡ seamos como esa vaca púrpura del paisaje ¡

 eduardo domínguez-lobato rubio

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