Tengo una corazonada, amparada también por una medio duda, en las alforjas de una certeza.
Tengo una corazonada; porque todo este trasiego de datos, globos sonda, decisiones ministeriales en vísperas de publicaciones en el BOE, quizá no contribuya a ese aumento de la competitividad empresarial que, sin duda, sería como agua de mayo para nuestra economía maltrecha.
Y el iva, en subida cuasi deportiva, dentro de un euro que nos encorseta y ajusta, porque ya no caben devaluaciones ni políticas monetarias de urgencias.
Y dicen también que este mayor iva no perjudicará al consumo, que las gentes se habituarán al nuevo IRPF, y que los de mayor renta serán los que mayor peso fiscal asuman.
Lástima que siempre nos desenvolvamos entre términos difuminados y maquillados, dependientes de criterios mas o menos subjetivos y en todo caso, términos amenazantes, martilleantes, volátiles, casi lujuriosos y esquivos, como “poderosos”, “ricos”, “grandes empresarios”.
Casualidad, simple casualidad que, sin embargo, gobiernos de los dos colores, siempre hayan coincidido en proteger, amparar, consolidar y resguardar elementos de inversión privilegiada como las Sicav, - algo tendrá el agua cuando la bendicen-
e.d.r.
